LA HISTORIA DE LAS CÁPSULAS DE GELATINA
En primer lugar, todos sabemos que los medicamentos son difíciles de tragar, a menudo acompañados de un olor desagradable o un sabor amargo. Muchas personas suelen ser reacias a seguir las instrucciones de sus médicos para tomar medicamentos porque son demasiado amargos para tragar, lo que afecta la eficacia del tratamiento. Otro problema que médicos y pacientes han enfrentado en el pasado es la imposibilidad de medir con precisión la dosis y la concentración de un medicamento debido a la falta de un estándar cuantitativo uniforme.
En 1833, el joven farmacéutico francés Mothes desarrolló las cápsulas blandas de gelatina. Utiliza un método que consiste en envolver una dosis específica de un medicamento en una solución de gelatina caliente que se solidifica al enfriarse para protegerlo. Al tragar la cápsula, el paciente ya no percibe el sabor estimulante del medicamento. El principio activo del medicamento solo se libera cuando la cápsula se ingiere y la cubierta se disuelve.
Las cápsulas de gelatina se popularizaron y se consideraron el excipiente ideal para medicamentos, ya que la gelatina es la única sustancia del mundo que se disuelve a temperatura corporal. En 1874, James Murdock, en Londres, desarrolló la primera cápsula de gelatina dura del mundo, compuesta por una tapa y un cuerpo. Esto permite al fabricante introducir el polvo directamente en la cápsula.
A finales del siglo XIX, los estadounidenses lideraban el desarrollo de las cápsulas de gelatina. Entre 1894 y 1897, la compañía farmacéutica estadounidense Eli Lilly construyó su primera fábrica de cápsulas de gelatina para producir un nuevo tipo de cápsula de dos piezas autosellable.
En 1930, Robert P. Scherer innovó al desarrollar una máquina de llenado automático y continuo, que hizo posible la producción en masa de cápsulas.
Durante más de 100 años, la gelatina ha sido la materia prima indispensable para la fabricación de cápsulas duras y blandas y su uso es muy amplio.
Hora de publicación: 23 de junio de 2021